Los pensamientos dichos de un poeta o escritor hacia su amor son palabras que se van al aire, recorren lugares insólitos, suben hasta el firmamento, se posan sobre las estrellas, siguen su recorrido hasta el cosmos y se pierden allí sin deshacerse jamás.
Y los pensamientos no dichos, no escritos, sólo pensados son exclusivamente para ése tierno escritor que guardará en el fondo de su memoria y de su corazón una historia interminable de la inspiración que le robó las noches, que le hizo soñar, que le hizo sentir de verdad. Esos pensamientos se graban en la sangre y en el alma y permanecen por siempre, cuando el escritor muere, esos sentimientos no encuentran el fin con la muerte de su creador, siguen y se unen a la energía de la Tierra y se mueven entre los vientos y los mares, vuelven a nacer en una flor, viven en la naturaleza y se posan en los corazones de los hombres de buena voluntad inspirándolos, aunque no sean escritores, en sus noches de desvelo por un amor.
Ésta historia pasa una y otra vez, es el ciclo sin fin, el ciclo del amor sublime y artístico. Los amores de un escritor sí son para siempre y son los únicos, que pueden romper las barreras del tiempo y el espacio. El escritor y la escritora siempre saben lo que dicen, es muy bueno saber escuchar a uno. Fueron los primeros consejeros del mundo y los primeros soñadores de la naturaleza. Ellos escribieron primero sus ilusiones en las estrellas y posaron sus ojos en la luna y los cometas, su mente voló por lugares inimaginables para los de su época y tuvieron siempre los amores más profundos y sinceros. La pluma ha sido su escudo y su mejor aliada por siglos. También fueron los pioneros en darle esperanzas a los demás sobre el amor, en contar historias, en construir ciudades, de enamorar sin siquiera tocar o hablar con alguien, y crear vidas sin necesidad de tener relaciones. Un escritor no es un dios ni un mago, sólo es... Un escritor.

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