Como sea, lo que no se puede negar es que no hay día que me pase su recuerdo por la mente... Las caminatas que dábamos o las risas que compartíamos. En estos meses he podido darme cuenta del poder de la presencia y su contraste con la ausencia.
Cuántas veces no juramos, o damos por sentado, que tenemos todo el tiempo del mundo; que somos poseedores de cada segundo que está por venir, cuando i siquiera somos realmente dueños del segundo que ya pasó ni del que pasa en el momento. No creemos dueños y señores de nuestro tiempo y a veces también del tiempo de los demás, sin darnos cuenta de que no son eternos, de que el tiempo de ellos también se termina, incluso aunque no lo quieran.
Y no hablo de que se tengan que morir para que se les termine el tiempo o para que su tiempo no coincida con el de ustedes. Hay muchas formas de separar a dos personas mediante el tiempo, sin necesidad de recurrir a la fatalidad.
Afortunadamente yo he tenido la suerte de, a pesar de su ausencia, tener el consuelo de que aproveché el tiempo lo más que pude. Yo no desperdicié ningún momento a su lado y jamás hubo ninguna pelea, ninguna discusión fuerte... A veces, lo más era un reclamo mío hacia él por no cuidarse lo suficiente, pero lo demás fue felicidad, buen humor y cariño.
No es sencillo aceptar que la persona que quieres tanto se vaya para siempre, tampoco es fácil acostumbrarse a dejar de recibir esas sonrisas llenas de ternura, ¿pero quién dijo que lo fuera? A pesar de tener la conciencia tranquila de haber estado con él lo más que pude, ésta ausencia me duele y no puedo evitar extrañarlo profundamente.
Aprovechen al máximo su tiempo, den gracias (no necesariamente a una deidad) de vivir, den gracias de que sus padres se hayan conocido y estén aquí, den gracias por los ojos que tienen, por sus ganas de vivir, por el amor que les tocó vivir, por haber conocido a esa persona, den gracias a la vida, a la naturaleza, a la suerte quizás, a la ciencia, al Big Bang, a los elfos, a lo que sea den gracias, en quien crean; no den nada por sentado, porque eso nos convierte en malagradecidos.
De quienes quieran, amen la presencia, pero sobretodo; honren la ausencia.


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