Pasando a lo fundamental, a mí me encantaría que esos mexicanos que odian tanto al país supieran realmente, en primera, lo que es el odio, el repudio, la aversión... Sobretodo al único país que les pertenece de verdad. Me gustaría que esos mexicanos supieran lo que es sudar por cambiar una situación, trabajar por tu parte, haciendo lo que te corresponde, sólo para ver al día siguiente o la semana siguiente que las cosas siguen igual, pero reconfortándote en la idea de que es un cambio y un trabajo lento, que tardará en dar frutos. No es cuestión de un día, de un mes o, incluso, de un año.
Cuando alguien ve el cambio en otra persona, eso muchas veces puede sembrar la semilla de la duda "¿Será bueno lo que está haciendo? ¿Valdrá la pena empezar a dar las gracias a todos? ¿Cambia en algo que yo de los buenos días a todo el que me cruce por la calle? ¿Podré hacer un cambio empezando por mí?" Esas dudas son oro, porque es ahí donde nace alguien nuevo, alguien que le hace bien al país y que lo hace sentir mejor de la enfermedad política y demás basura que hay.
Yo no hablo de nacionalismos ni patriotismos... Hablo de empatía, de justicia para el país y para nosotros mismos, de buscar la felicidad de vivir en un lugar tan lindo y respetarlo.
Los dejo y les mando muchos saludos a todos los lectores de este blog, espero que esto los anime a seguir luchando por el país y a aprender a ver más las cosas buenas, desde el hermoso cielo gris que nos cubre hoy, hasta la posibilidad de disfrutar de los paraísos naturales más grandes de este país, que es hermoso y que tiene mucha más gente hermosa de la que pensamos.


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