Lo cierto es que, tristemente, el mexicano es muy malinchista. Critica, condena y reniega de su propia patria, pero sin poner soluciones a eso de lo que se queja, en cambio va a otros países y les glorifica, les da reconocimiento por sus bellezas que no son más grandes que las que tiene México y se tapa los ojos a la hora de ver los problemas, de cualquier tipo, que puedan tener. Hay veces que ridículamente son los extranjeros quienes se sienten más orgullosos de éste país que nosotros mismos y quienes son capaces de ver lo que nuestros ojos se niegan por arrogancia o necedad.
¿Por qué no ponerse a investigar lo que es realmente tu país? ¿Por qué no valorarlo si tiene más tesoros que ningún otro que haya existido jamás? Pero el mexicano ha pecado de discriminación y humillación con la propia patria por la que tantas veces de chiquillo juró dar la vida. Es una cosa muy fea ir por ahí enalteciendo el nombre de otros países cuando uno siempre se queja del suyo en lugar de dar o implementar soluciones.
¿Que qué es lo que hago yo? Muy poco, la verdad. Siendo sólo una humilde persona en el mundo no pueden esperar que sea yo precisamente quien les cambie toda una realidad que han ido construyendo desde siglos atrás, y todavía hoy, entre millones de personas. Pero valoro mucho mi país, lo amo y quiero a su gente de buena voluntad. A diario me levanto con las ganas de hacer un buen trabajo en mis actividades laborales y personales, con la disposición de ayudar en todo lo que se pueda, de mejorar en los distintos aspectos de mi vida, de dar consejo a quien me lo pide, de respetar lo que merece ser respetado, de alimentar el alma, la mente, el cuerpo; de corregir lo que está mal, dar comprensión, escribir con la esperanza de que mis escritos puedan tener un efecto positivo en quien los lee y de desprenderme de lo que me es posible no por el hecho de regalar sino de compartir.
Eso hago desde mi pequeño lugar.
Me enorgullezco de ser mexicana porque tengo un país, tal vez no lleno de gente culta, pero lleno de cultura, de historia, que inventada o no, es lo que me ha hecho creer y desear un país todavía mejor. Porque inspira tener héroes como Guadalupe Victoria, Leona Vicario, El Pípila, que ya sabemos que no fue sólo uno; y cada uno de los héroes contemporáneos (y con esto me refiero no sólo a quienes promueven los valores, las reformas, el conocimiento, los que salvan vidas, trabajan arduamente por otros o dan la vida literal o metafóricamente en su trabajo sino también a quienes se esfuerzan diario en dar un poquito de lo mejor de sí mismos a los demás) allá afuera bajo el anonimato; y si ustedes son uno de esos tantos: Gracias.
Porque ustedes sin pedir nada en recompensa son el cambio constante y singular que claman aquéllos morosos que sólo saben quejarse, son la esperanza de un país mejor, de una evolución tal vez lenta, pero segura, sin ponerse una banda presidencial ni reclamar reconocimiento o un sueldo estratosférico, son el motor que empuja éste país.



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