A lo largo de mi vida con varias personas me he encontrado que piden un consejo para amar y ser amados, a través de estos años me he dado cuenta que las personas somos todas capaces de amar, pero en algunas esa capacidad va más allá de cualquier límite y creo que en eso se basa la sinceridad del amor.
Cuando las personas dicen buscar un amor verdadero a esto se refieren, quieren una persona que amen y que los ame con una intensidad sin precedentes y que, por lo común, sea para siempre.
Y esto no es extraño porque el ser humano tiende a ilusionarse constantemente y a vivir haciendo planes para el futuro y cuando algo le satisface o le hace feliz es lógico que busque o deseé perdurar esa sensación de felicidad.
Pues bien, queridos amigos, yo les tengo el mejor consejo que he almacenado por años y que he dado ya varias veces. Amen sin condiciones, entreguen todo su ser en un acto de puro amor, no piensen en la recompensa que obtendrán después y tampoco en si serán correspondidos porque quien sólo busca dar amor por obtener algo a cambio es ruin, propio de la naturaleza humana tal vez, pero nada propio del amor verdadero; ése sentimiento que quema por dentro cuando no encuentra el consuelo del ser amado, eso que sentimos que parece que va a destruirnos por dentro si contenemos una sola mirada y que puede hallarse libre en una sencilla y pequeña caricia hacia el ser amado. Así de grande es el amor, puede verse prisionero por grandes cosas, pero siempre encuentra la libertad por medio de sencillas acciones como una sonrisa.
Amen con toda la libertad y con toda la fuerza que su ser les permita. No se limiten. No encarcelen a su corazón. No lo condenen a vivir prisionero de la amargura. Dicen que lo que no sale, se pudre dentro. Es lo mismo con el amor, si no sale, si no se expresa, se pudre dentro y nacen resentimientos y amarguras, den todo cuanto puedan dar y tengan siempre la certeza de que dando amor su corazón se purifica y a la vez, curiosamente, se llena de más amor.
El amor nos hace fuertes y, al igual que la fuerza de voluntad, puede llegar a resultar más poderoso que la energía mecánica o que cualquier ley de física.
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