Hay gotas que sí duelen y otras que sólo mojan la cabeza. Hoy gracias a Dios las cosas van mejorando, me siento libre. ¿Saben qué pasó? Me peleé con un grupo de amigos, estoy segura que a algunos los hice enfadar, pero esto me trajo algo muy bueno y ustedes se podrán preguntar qué cosa buena puede traer un pleito entre amigos, pues me ayudó a darme cuenta quiénes son mis verdaderos amigos ¿Bajas? Dos.
Dos personas no pudieron olvidar mi exabrupto y no los culpo, al contrario, les doy las gracias por librarme de su presencia falsa, de una amistad fofa, de algo que tarde o temprano se iba a desmoronar por sus bases tan frágiles. Hoy, queridos amigos, estoy contenta porque puedo decir que estoy rodeada de la gente más hermosa.
Las cosas malas pasan, los infortunios a veces nos asaltan y eventos desafortunados tienen lugar entre las personas, pero una amistad verdadera, un cariño sincero puede con todo y de eso me enorgullezco.
No, no les permito compadecerse de mí porque no es una desgracia haber perdido esas dos amistades, porque no las perdí ¿Por qué? Porque uno no pierde lo que en verdad tiene. Las amistades, sobretodo y cuando son fuertes y sinceras, no se pierden; más bien las falsas son las que se van descubriendo con el tiempo y son las que se alejan.
Gracias Dios mío por hace caso a mi continua petición de librarme de todo mal y por alejar a esos falsos amigos. No vale la pena.
Hay días que la lluvia es más intensa.
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